¿Influir o ser influenciado?

¿Realmente nos gusta que nos digan qué hacer?

¿Quién disfruta realmente de instrucciones como: hazlo así, elige aquello, escucha lo que dicen los demás, muestra y haz como dijimos? Probablemente nadie, al menos no abiertamente. Y sin embargo, "probablemente" es la palabra clave. Nos influenciamos mutuamente todo el tiempo, a veces sin darnos cuenta, y en el mejor de los casos, conscientemente. No es ni bueno ni malo. Es humano. Lo que importa es lo que esa influencia crea: ¿manipula o apoya el crecimiento? Porque una cosa está clara, todo a nuestro alrededor está desarrollándose y cambiando.

Lo que nos moldea cada día

¿Qué nos influye? El entorno, muchísimo. Las personas que conocemos a diario, muchísimo. Las cosas que leemos. Los sonidos que oímos: conversaciones, ruido de fondo, el ambiente general a nuestro alrededor.

Si nos imaginamos en la naturaleza oyendo el canto de los pájaros, el susurro de los árboles, el ritmo de las olas del mar, nos calma, nos hace reflexionar, y sí, nos influye. Por otro lado, el ruido fuerte de los motores de la ciudad, el tráfico, las voces alzadas, la inquieta multitud de personas infelices, o incluso la risa de los felices, también nos afecta. Lo que sentimos en ese momento, cómo lo interpretamos, cómo lo absorbemos, esto también es influencia.

Influimos en los demás, incluso sin querer

No solo somos influenciados, también somos influencia. La forma en que respondemos en las conversaciones diarias importa. Cómo hablamos con las personas que conocemos, si somos amables y comprensivos. Y luego hay días en que algo nos duele, nos pesa o nos irrita. Nos volvemos más tajantes, más impacientes, y respondemos de acuerdo a eso, lo que significa que también influenciamos a la otra persona. Esto es interacción: afectamos a los demás, y a su vez somos afectados.

La presión constante

Y luego hay una influencia que encontramos a cada paso hoy: la publicidad. Podríamos desear que no nos afectara, que nadie pudiera empujarnos discretamente a comprar o pedir algo sin que nos diéramos cuenta. Pero cuando vemos o escuchamos algo repetidamente, se asienta en el subconsciente. Y en el momento "adecuado", recordamos: nos resulta familiar, lo hemos visto en algún lugar, lo hemos oído en algún lugar, tal vez deberíamos probarlo, tal vez deberíamos comprarlo.

Por supuesto, no todo es simplemente influenciado. A veces es solo información que realmente necesitamos en ese momento. Aún así, ayuda mantener un nivel saludable de pensamiento crítico. No todo lo nuevo que se nos ofrece es algo que necesitamos comprar o usar. Todo tiene su tiempo, y todo tiene su significado. Querer probar algo nuevo puede ser agradable y muchas personas lo hacen. Pero si es necesario es algo que cada persona decide por sí misma.

Un entorno saludable empieza con responsabilidad

La influencia es real. No podemos negarla, y no podemos resistirnos completamente a ella, solo podemos evaluarla, y a menudo mirarla con una crítica más fuerte: ¿qué debemos permitir que nos influya y por qué, y cuándo?

Al mismo tiempo, no debemos ignorar la otra cara: ser el que influye. Lo hacemos mucho, a menudo sin darnos cuenta. Y con eso viene la responsabilidad. Porque la influencia colectiva crea el entorno y el entorno crea la siguiente ola de influencia. Ese entorno debe ser saludable, y el crecimiento debe ser su fundamento.

Regresar al blog

Deja un comentario